Instituto Literario de Veracruz

Los Viajes extraordinarios de Verne, un siglo después

Los Viajes extraordinarios de Verne, un siglo después

En Estados Unidos Verne es considerado el padre de la ciencia-ficción, con frecuencia se le ha reducido a inventor de máquinas fabulosas, como el Nautilus de Nemo, el obús lunar o el Albatros y el Espanto de Robur el conquistador. Pero en su obra la ficción nace de la ciencia y la historia se encuentra por doquier. Está en la presencia de la termodinámica industrial por medio de vapor o natural a través de los volcanes, el fuego, la fuerza de la lava… Está en la electricidad que hace los milagros de 20 000 leguas de viaje submarino y del Castillo de los Cárpatos, y en los rayos de las tormentas… La ciencia también está en los fenómenos ondulatorios que hacen la música del hombre y en las que la naturaleza produce… Está en los fenómenos magnéticos como el del extraño fin de La esfinge de los hielos. Pero se encuentra igualmente en las ciencias humanas nacientes en el siglo XIX. Quizá estas se encuentran aún más presentes en la visión que Jules Verne tiene sobre los cambios de comportamiento de los seres humanos. La ciencia de la historia iniciada por Michelet, Hegel, Tocqueville y los filósofos alemanes, la psicología que se desarrolla en el plano clínico con Charcot y luego Freud; la antropología que nace en el congreso de Estocolmo en 1876; la sociología que aparece a fines de siglo con Durkheim… todas ellas se infiltran en las novelas a medida que Verne las descubre. Con la lectura de una decena de periódicos y todos las revistas consagradas a las ciencias y a los viajes, Verne sigue la evolución de las ideas. El conflicto entre las religiones y la laicidad, la evolución histórica social, jurídica e ideológica de las sociedades, el nacimiento de las democracias modernas, la autonomía, la independencia y la libertad que se sobreponen a la jerarquía y las corporaciones, los riesgos de una evolución nihilista de esta sociedad del cambio… no se le escapa nada. Cada tema de sociedad es objeto de una o varias novelas. Entre 1883 y 1886, cuando Niezstche escribe Así hablaba Zaratustra, y Más allá del bien y del mal, Jules Verne escribe Robur el conquistador, novela epónima que pone en escena no a un héroe positivo, sino a un nihilista en potencia. Su terrorismo no es revolucionario y vengador como el de Nemo, ligado a ideales, sino solamente destructor. En lo que se refiere a los artilleros americanos que conquistan la Luna, no vacilan, veinte años más adelante en Sin arriba ni abajo, en desviar el eje de la Tierra para alcanzar las riquezas del subsuelo polar, del cual se han vuelto los propietarios. Mientras su poder y riquezas aumenten no sienten ningún remordimiento al ver países enteros devastados y pueblos exterminados.

Todos los aspectos serios, misteriosos, secretos, históricos y científicos con frecuencia han hecho olvidar que el humor y la comedia son constantes de Verne, hacen el contrapunto a esta percepción de la evolución del mundo. Ya sea para aligerar el relato y para no asustar a sus lectores familiares, o para burlarse de los reveses del progreso, su sarcasmo e ironía traducen los reveses de un positivismo al cual no renuncia del todo. Con ellos se ríe tanto del modo de vida americano, que es el ejemplo del mundo venidero y las nuevas mitologías, como de los sabios, distraídos o excesivos, y hasta de los héroes mismos, a veces ridículos en la desmesura y absurdo de su absoluto. Más allá de su función de distracción, la ironía de Verne nos advierte contra las tendencias totalitarias que nacen de la voluntad de dominar al mundo por la sola razón de las ideologías. Antes que nada, permanece humano, simple, cotidiano, y es a través de su humor que desvía la pesante marcha del destino.

A fin de cuentas, las novelas de Verne, destinadas al público familiar como ciencia recreativa y publicadas varias veces en fascículos en los periódicos de su época, en el siglo XX pasaron a las estanterías de literatura infantil de las bibliotecas. Esa fue una suerte para Verne; así atravesó el siglo XX y continuó habitando el imaginario del progreso y de la individualidad de cinco generaciones entre 1860 y 1960. Traducido en el mundo entero desde su primera novela gracias a la política internacional de su editor, que las ediciones Hachette retomaron, ha durado en la actualidad mundial de lecturas para jóvenes. La leyenda que nos ofrecen los Viajes extraordinarios se entiende en tanto que historias fabulosas, pero también como una formidable herramienta de clarificación en el sentido de que la leyenda nos permite leer mejor un mapa o reconocer mejor una imagen. Desde ese punto de vista, al restituir su imaginario a su época en lugar de tratar de encajarlo al presente, Jules Verne nos ayuda a comprender en el inconsciente colectivo las fuentes de una evolución planetaria. Último Sísifo de los tiempos antiguos y primer Prometeo de los tiempos modernos, nos dice que el espíritu y el encantamiento son también a reconsiderarse enteramente en un mundo que oscila entre la dominación de las ideas totalitarias y la de los poderes financiaros que se apoyan en arcaísmos religiosos.

Bulímico de revelaciones científicas, genial divulgador, se inspiró en la formidable explosión tecno-industrial del siglo XIX para nutrir con ella sus novelas. Jules Verne murió a la edad de 77 años, el 24 de marzo de 1905 (hace ya un siglo), dejando más que una obra de ficción. A través de sus obras nos legó la suma de los conocimientos de su época.

 

Traducción de Maliyel Beverido

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