Instituto Literario de Veracruz

Los Viajes extraordinarios de Verne, un siglo después

Los Viajes extraordinarios de Verne, un siglo después

Jean Paul Dekiss

 

Los Viajes extraordinarios de Jules Verne se abrevan de espíritu que encarna en el siglo XVIII la Enciclopedia, y su actualidad de prolonga hasta los años 60.

En 22 000 páginas, 5000 ilustraciones, 62 novelas y 18 relatos formó la leyenda de dos siglos. La intuición del escritor lo llevó hasta a imaginar el final de este periodo, pues en su primera novela, que escribió a los 34 años, París en el siglo XX, sitúa hacia 1960 el fin de la cultura literaria.

En los Viajes extraordinarios, Verne describe cómo las transformaciones profundas en el ámbito de las ciencias y de las técnicas transforman también los comportamientos humanos, los hábitos y la sociedad. Fragua este argumento en el momento en el que nacen las ciencias humanas, las que reemplazan las creencias y las supersticiones por conocimientos científicos  (experimentales) acerca del hombre. Los medios de transporte y las redes de comunicación ensanchan los horizontes. El ser humano empieza a tomar una dimensión planetaria, las fronteras se vuelven secundarias, la vuelta al mundo se pone al alcance da la mano, la consideración de las culturas lejanas o desconocidas funda las nuevas formas de la otredad.

La sucesión de los encuentros del joven escritor explica bastante bien su evolución literaria. Alexandre Dumas hijo lo inicia en el teatro. Prontamente Jules Verne marca su preferencia por la comedia sobre otros géneros dramáticos; luego de quince años de escribir para el teatro, durante los cuales se pusieron en escena una decena de sus obras, la primera de ellas en los Grandes Bulevares cuando tenía 22 años, es cuando cambia de orientación. El explorador Jacques Arago le abre las rutas del espíritu enciclopédico y de la geografía. Verne se lanza entonces en el relato, y sus primeros textos se publican en el Museo de las familias, revista católica de gran tiraje. Animado por sus primeros éxitos, a los 30 años escribe su primera novela. Pierre Verne, quien aún vislumbraba que su hijo retornase a Nantes a tomar la sucesión de su gabinete jurídico, entra en razón: Jules, su primogénito, no abandonaría ya la literatura. A los 29 años se casa con Honorine Deviane, de Amiens, quien le ofrece la calma de su ciudad provinciana. Los Verne se instalarían en Amiens después de la guerra de 1870.

El encuentro de Verne con el editor Pierre-Jules Hetzel, en 1862, marca un viraje decisivo en su carrera. Hetzel, militante republicano vuelto tras nueve años de exilio, ya entonces editor de Balzac, Stendhal, Georges Sand, Victor Hugo… asociado a Jean Macé, promotor infatigable de la laicidad y de la instrucción pública, concibe el proyecto de una publicación educativa capaz de romper el monopolio religioso sobre la instrucción moral. Hetzel revela a Verne un gran proyecto literario al que corresponde el manuscrito de Cinco semanas en globo que acaba de entregarle. Sin embargo nada está aún ganado. Efectivamente, esta primera novela, en la que una técnica aeronáutica se relaciona a la exploración de un continente, corresponde a los deseos del editor, pero el autor aún no está convencido de querer limitarse a ese género de aventura científica de la cual el editor lo considera el artífice. El rechazo del segundo manuscrito, París en el siglo XX, es punzante. A Hetzel no le gusta esta anticipación que sucede un siglo más tarde, pues, aunque esta convencido de que la ciencia y la cultura hacen el progreso, solamente reconoce la ciencia del presente. El verdadero futuro es aquel que se construye aquí y ahora. Verne no insiste, ninguna de las novelas que conforman los Viajes extraordinarios se desarrolla en el futuro, y en ello reside su fuerza.

Cuando el lector descubre las aventuras de Nemo bajo el mar, las del capitán Hatteras en el polo Norte, las de los hijos del capitán Grant alrededor del mundo, las de Michel Ardan en su viaje a la luna, o las del profesor Lindenbrock visitando el centro de la Tierra… todas están sucediendo en algún sitio del planeta ese mismo momento. Esta actualidad es la misma que, con el paso del tiempo, ha hacho de Jules Verne un espíritu visionario. El rigor del escritor, obligado a documentarse permanentemente durante cuarenta años, explica su longevidad. Verne no transforma jamás los hechos reales: los descubrimientos científicos o geográficos y los hechos históricos están relatados con una meticulosa inquietud por la verdad. Sus únicos límites son los de los conocimientos de su tiempo. De ahí nace el encanto que se renueva novela tras novela. El saber, el descubrimiento de las diferencias, las exploración de tierras desconocidas, son la fuente de portentos hasta entonces impensables. El dominio de creencias y supersticiones es derrocado por el gusto por la razón y la verdad. El conocimiento de lo que realmente sucede se vuelve la fuente de ese encanto novedoso. No es por casualidad, ciertamente, que Verne, hacia el fin de sus días, declaró a un periodista americano. “Los Maupassant que, en los años futuros, deleitarán al mundo, lo harán desde los periódicos […] La verdadera sicología de la vida está en los relatos, y se puede sacar más verdad de una historia de tribunal, de un accidente ferroviario, de actos cotidianos de la multitud, de las batallas del futuro que de la tentativa de disfrazar una moral psicológica de ficción”.

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